La vida es muy injusta! Y no suele regalarnos muchas segundas oportunidades. La vida permite pocas revanchas con nuestros malos momentos, y aún si la vida permitiera reinvindicarnos con nosotros mismos, no tenemos la certeza que hemos de salir victoriosos!
Las segundas oportunidades son escasas!
Sino pregúntenle a aquel hombre que vio morir a su hijo (a) en una sala de hospital, cinco minutos después de haberse estrellado en su automóvil, siendo el culpable un muchacho (a) borracho que manejaba de regreso a su casa después de su gran noche de fiesta. Antes que ella saliera de su casa, había peleado con su padre.
¿Quién le diera otra oportunidad para despedirse de su hija con un “Te amo mi amor”?
Y que tal de Moisés. Pobre Moisés. Caminó años en el desierto. Guío a un pueblo majadero y rebelde. Aguantó sus razonamientos negativos en contra de Dios. Soportó sus quejas y dolencias.
Sin embargo no fue suficiente. La vida le jugó una mala pasada. Porque a punto de ingresar a la Tierra Prometida por Dios para Israel, su mal humor (que en la posición de Moisés era totalmente entendible, por el pueblo que lideraba), no le permitió ver su sueño hecho realidad. Golpeó una roca cuando Dios le había dado otra instrucción.
La promesa de Dios que estaba a unos cuantos kilómetros, ahora se había convertido en un sueño inalcanzable, en dolor para el corazón. Moisés no entró en la Tierra Prometida. No pudo comer las uvas que en ella habían. Se perdió de los ríos, paisajes y demás atracciones de la Promesa.
Moisés quisiera una segunda oportunidad!!!
Simón, Pedro o Cefas. Como quieras llamarle a este apóstol, realizó una de las peores traiciones que alguien pudo haber cometido. Prometió al Maestro su compañía sin importar la situación que se acercaba, su arresto y crucificción, y cuando se dio cuenta, sus pasos le habían hecho huir, y sus labios habían maldecido en contra de su amistad con Él. Aunque todos te abandonen, yo no te abandonaré (Mateo 26:33), prometió Pedro a su Señor, animando a sus compañeros a prometer lo mismo. Pero inexplicablemente, en el momento de la decisión, de guardar su promesa, Pedro falló. El pescador se dio cuenta que sus palabras no fueron convertidas en acción. Negó haber conocido a Jesús, ante el interrogatorio de personas, que reconocían en su manera de hablar, su amistad con el Mesías.
Simón el pescador, quisiera otra oportunidad, para no haber prometido y fallado. Para haber estado firme cuando su Señor lo necesitó. ¡¡¡Cuanto pagaría Pedro por una revancha!!!
Yo, Kevin, quisiera volver a vivir mi juventud, haberla pasado con mi papá, que amo, pero no puedo regresar el tiempo. No hay máquinas especiales todavía, que me permitan regresar atrás, para arreglar mi juventud. Seis años ya sin verlo. Entregaría todo mi dinero por vivir esas cosas que me hacen falta en el corazón.
Pero no puedo regresar atrás. En mi expediente de vida, debiera haber una cláusula que me permita, volver sólo cinco minutos a mi pasado, impregnarme del olor de mi padre y volver.
¿Qué de ti? ¿Adonde quisieras regresar? ¿Que darías por una segunda oportunidad?
¿Cuánto quisieras arreglar una mala cara? o, ¿Una palabra hiriente, un matrimonio destruído, una relación de padre e hijo desecha, lejanía de Dios adrede?
Jesús mismo es la SEGUNDA OPORTUNIDAD QUE ANHELAMOS.
Su amor en la Cruz, permite borrar el pasado, arreglar el presente, y mejorar el futuro.
Las heridas del pasado son cicratices, hasta llegar a una mejor vida. Pero la única manera de arreglar tus errores es entender que en Jesús todos tenemos una segunda oportunidad.
Cuando te hayas masturbado, harto de tu culpa, avergonzado, Jesús es tu segunda oportunidad para cambiar!
No importa el error que cometas, Jesús, que es más que la vida misma, te regala una segunda oportunidad!
No todos los días usted encuentra alguien que le dará una segunda oportunidad, mucho menos alguien que le dará una segunda oportunidad todos los días.
PERO EN JESÚS, PEDRO ENCONTRÓ LAS DOS COSAS.[1]
No puede haber más tiempo perdido en nuestra agenda, porque la vida es sólo una en la tierra, y la segunda oportunidad de Dios, vale la pena vivirla bien vivida!
[1] Tomado de: Con razón lo llaman el Salvador por Max Lucado. “El evangelio de la segunda oportunidad”