En ocasiones me pongo a recordar como era mi vida cuando era niño. No es un deporte, por lo general son casualidades, pero cuando recuerdo alguna historia se enlaza con muchas más anécdotas a la vez y en ese momento, es inevitable sentir nostalgia por los recuerdos. Por lo lindo que fueron esos años. No es que no me guste la realidad, pero son cosas que no van a volver.
No quiero escribir mucho para no aburrirte, pero medite un poco en su niñez. Estoy seguro que sientes algo como lo que yo sentí, hasta el punto en que se acepten como recuerdos, que no van a volver, algunos buenos otros malos.
Después pensé en Dios y me gustó notar dos cosas:
Tengo muchos recuerdos de cómo era Dios cuando yo era niño. Él no cambió. Mi perspectiva cambió. Pero hay una diferencia con los recuerdos de mi infancia: en Dios si puedo ser niño de nuevo y sentir cosas y ver cosas como las vi antes; lo otro que noté es que entre más durara recordando más iba a durar en vivir nuevos historias con Él.
No pensemos tanto, VIVAMOS.
Escrito por: Daniel Paniagua Sánchez

