¿Te has visto alguna vez intimidado por alguien que refleja mucho, que tiene muchos títulos, o que cuando habla es más fácil entender la complejidad de una célula animal que lo que esa persona está diciendo?
Tengo un ejemplo para representar este punto. El otro día en mi iglesia nos pasaron una videoconferencia al grupo de liderazgo; y el señor que la estaba impartiendo es una persona muy estudiada, da conferencias en muchos lugares de los Estados Unidos; la verdad me sentí cohibido y hasta cierto punto empequeñecido ya que el hablo mucho y lo que decía mi procesador no logró contener tanta información. Mientras trataba de entender las ultimas tres frases que había dicho ya él iba veinte más adelante. En fin, me intimido.
Yo me pregunto cómo hacemos nosotros los mortales, tan indefensos y finitos para acercarnos a Dios?
Déjeme mostrarle unos cuantos títulos (nombres) de Dios:
Jehová, solo con ese nombre ya me atemoriza porque suena fuerte y fuera de este mundo. Que tal Dios Todopoderoso, Jehová de los Ejércitos, Admirable, Rey de reyes, Señor de señores, Creador, Valiente y Fuerte en batalla, Yo Soy, Omnipotente, Omnisciente, Alfa y Omega, Principio y Fin, etc.
Y que tal sus características? Invisible, eterno, a su voz se secan los mares y los montes se derriten como cera cuando él pasa, las naciones de la tierra son nada delante de él, con sus dedos recoge todo el polvo de la tierra, llama las cosas que no son como si fuesen y aunque no existan aparecen, sino pregúntenle a la luz (2 Co 4:6) y con una palabra de su boca puede vencer a todos sus enemigos.
Yo no se tú, pero yo delante de alguien así no me presentaría, verlo debe de ser espantoso! Los antiguos le temían, decían que el solo hecho de verle era la muerte segura (Is 6:5). Su nombre también era temido y reverenciado, tanto así que tuvieron que cambiarlo. El nombre YHVH no podía ser pronunciado por nadie, era muy santo, fue cambiado por Adonai (Señor). Entonces el que se supone que nos debía cuidar, enseñar y dar vida era más bien un tirano divino accesible solo a unos cuantos, a un grupo muy selecto, sino me crees revisa el índice de tu Biblia. Cuanta gente lo conoció y trabajó para él y porque no tienen un libro a nombre suyo? Eso debe de ser el mandato de un Dios cruel, apuesto a que si.
Bueno eso era lo que yo pensaba, yo creía que Dios tenía mucho que hacer. Jamás creí que él supiera que yo existía. Cuando pensaba en él creía que me quería destruir al primer momento de tener la oportunidad. Y si quisiera hablar con él, no creí que tuviera espacio en su Agenda Celestial, y menos para un pecador de mi clase. Debería de estar ocupado escuchando las oraciones de la Madre Teresa o de algún misionero en el Amazonas.
De hecho la Biblia declara esto: “Si alguno no quiere atender la ley de Dios,
tampoco Dios soportará sus oraciones” (Prov 28:9 DHH) Así menos que Dios prestaría atención a una oración mía.
Pero un día conocí una faceta muy distinta del Dios que yo veía tan lejano, una característica de las que no mencione antes, algo que solo acercándose a ver por uno mismo se puede entender.
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado. Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí, escondí mi rostro y me indigné; y él siguió rebelde por el camino de su corazón. He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él… y produciré fruto de labios: Paz, paz al que está lejos y al cercano, dijo Jehová; y lo sanaré” Is 57:15-19 (resaltado mío)
Ese día vi al que habita en los cielos de cielos, al que permanecía inmutable en su trono de gloria e inconmovible ante los reyes de la tierra, correr. No pudo negarse a si mismo, no lo soporto. Dejó su gloria, su reino eterno y corrió al auxilio de un mortal que clamaba por la única ayuda que lo podía salvar en ese momento. Ese día yo rompí mi orgullo y Dios confirmo quien siempre había sido.
De hecho esa no ha sido la única vez que lo vi correr, todas y cada una de las veces que lo he llamado el ha venido a mi rescate. Mientras Batman solo puede ser llamado de noche y Superman no puede actuar sino tiene una cabina telefónica a la mano para cambiarse, mi Dios hace cosas sobrenaturales y se jacta de venir a mi rescate solo porque soy su hijo (Sal 18:6-19).
Cuando me he alejado de los linderos de casa buscando conocer cosas nuevas y aventurarme con los placeres del mundo afuera, él también ha estado atento y esperando a que lo llame urgido por un 911 divino. Me ha tomado en sus brazos y secando las lagrimas de mis ojos me ha dicho con perdón en su voz “hijo, tu sabes que te sigo amando”.
Ese fue el día que vi a Dios correr…
Escrito por: Carlos Fernández

