Historial Por » March, 2010 «

Hillsong United – You’ll come

Ya he tomado
Mi decisión
Espero en ti Señor
Mi roca y escudo
Mi redentor
Espero en ti Señor

Tan cierto como sale el sol
Tú volverás
Como un nuevo amanecer

Vendrás
Que Tu gloria caiga
En respuesta a mi clamor
Como lluvia ven
Sacia mi sediento corazón
Vendrás
Vendrás

Sin rendirme
Sin flaquear
Espero en ti Señor
Todopoderoso
Triunfo y verdad
Espero en ti Señor

Tan cierto como sale el sol
Tú volverás
Tu Palabra eterna es

Vendrás
Que Tu gloria caiga
En respuesta a mi clamor
Como lluvia ven
Sacia mi sediento corazón
Vendrás
Vendrás

Las cadenas
Rotas son
Nuestros ojos
Te ven Señor
(X2)

Vendrás
Que Tu gloria caiga
En respuesta a mi clamor
Como lluvia ven
Sacia mi sediento corazón
Vendrás
Vendrás
Que tu gloria caiga
En respuesta a mi clamor
Como lluvia ven
Sacia mi sediento corazón
Vendrás
Vendrás

De poca fe, vientos, mares, Jesús y calma

“El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.
Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”

Mateo 8: 26-27

Algunas veces cuando paso por alguna situación y vengo reflexionando, se me vienen pasajes a la mente. Algunos dirán, sí lo oíste en alguna parte y lo asociaste con tu problema; pero para mí es Dios hablando.

He pasado por pruebas, o ni tan siquiera son pruebas, uno mismo se enreda en cosas que no convienen. Pero en medio de eso que a veces nos aflige Dios nos abre un pequeño espacio para llegar a su presencia, ya sea llevándonos a un culto, o compartiendo con nuestros amigos.

Nos aparta, nos enseña, nos acurruca en su pecho, y sin pensarlo eso que nos parecía tan grande de atravesar, la montaña por cruzar, simplemente parece ser una pequeña loma, o tan siquiera eso… la montaña se movió. Y qué podríamos decir de las tormentas, cuando Dios en su misericordia, simplemente con su voz, la calma con el santo nombre del Señor Jesús.

Esa montaña, esa tormenta puede ser un problema, puede ser un pecado no confesado, un hábito oculto, una enfermedad. ¡Qué tan pequeña la mente del hombre!, En fin… qué pequeña a veces mi mente.

¿Acaso Jesús no prometió estar con nosotros hasta el fin de los tiempos? A veces acusamos a los apóstoles de incrédulos, pero ¿acaso no nos pasa lo mismo?

Ver un problema muy grande sin solución o escoger el pecado como opción es no creerle a Dios que Él tiene el control de todas nuestras situaciones y que nosotros podemos por nuestra cuenta solucionarlo.

Hoy llegando del culto, me dispuse a escribir esto, porque abandoné la casa con una tormenta en mi mente, y por el nombre poderoso de Jesucristo, todo está de nuevo en calma.

Escribo esto no sólo por escribir. Es mi declaratoria: Lo único que me detiene de mi propósito, soy yo mismo. Sí a veces mi peor enemigo se llama Sergio.

Escribo esto porque no debería de pasar una noche sin buscar el rostro del Señor, que aunque se revuelque mi carne entre Dios y yo sepamos que de verdad lo intentamos todos los días.

Escribo esto para que no se me olvide tan fácil orar por las cosas que me faltan por trabajar en mí mismo.

Escribo esto con el fin, de que algún día Sergio deje de ser mi enemigo, y Sergio aprenda de que lo único que depende es de Dios y de nada más.

Escribo esto para aquellos y para mí que por enésima vez deciden caminar, creyendo en Jesús y su voluntad.


1 Pedro 2: 9

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

Palabra dada de aquel que su voz hace retumbar la tierra. Proveniente de aquel que aunque todos dejáramos de alabarle a las piedras les saldría boca para adorarle. ¿Si aún las piedras llegaran a tener boca, cuánto licencio habrá en nosotros?  Las piedras no tienen bocas, y guardan silencio. Hoy debería ser el inicio de dejar de ser piedras y que de nuestra boca el mundo conociera a nuestro Señor.

Hoy no alzo mi voz, sin embargo mis manos dicen lo que guarda mi corazón. Ojalá alguien logre leer esto que escribí, en algún lugar que nunca mi mente halla oído escuchar, jamás para mi vana gloria… Sino para que se anuncie que el reino de Dios llegó y no se ha ido por aquellas personas que decidieron no callar.

Que esto que sienten nuestros corazones, nunca sea silenciado: ¡Jesús es el Señor!

El llanto del niño y la piedra de la tumba

Es interesante observar todo lo que la gente hace para hacer ver que esta viva. Unos van a fiestas y allí bailan y toman licor hasta llegar el punto de no saber si es de día o de noche. Otros lo demuestran tirándose desde un puente hacía el vacío sujetados por una liga al son de “echen paja” o la primera jerga que se les ocurra gritar. Ni que decir de los que viven una vida de libertinaje donde el “amor y paz” es su lema de vida o que tal aquellos que simplemente pasan desapercibidos y sabemos que están vivos porque lo único que escuchamos de ellos es un simple hola o adiós.
 
Como podrán ver cada uno tiene su manera muy propia de decir aquí estoy. Pero me llamo mucho la atención el otro día una madre que venía con su bebé en brazos en el autobús (por eso amo viajar en bus). Cada uno venía en su propio mundo, unos hablando de los marcadores de fútbol del domingo, los resultados electorales, las parejas eran ajenas a lo que había a su alrededor, su idilio de amor los hacía estar aparte. De repente un sonido rompió la burbuja en la cual muchos estábamos inmersos, era el llanto de aquel bebe de escasos 2 meses. Su gemir lleno todo aquel vehículo. Era como si el estuviese diciendo
-Hey gente adulta yo también voy en el bus! –Mamá, por cierto tengo hambre y quiero comer ya!
 
Cuando entendí eso y me recordé de alguien que hizo algo parecido hace muchos años, mi piel se erizo, un escalofrió recorrió mi espalda y mi vista se nublo un poco debido a la activación de mis glándulas lacrimales.
 
Era viernes por la tarde, el día estaba oscuro y mucha gente había asistido a la muerte de un hombre que hasta hace pocos días atrás había sido proclamado Rey al entrar a la Ciudad Santa. Su castigo? El ser crucificado. Para aquellos tiempos la ejecución por esa vía era considerada como “el suplicio más cruel y horroroso de todos”.
En el lugar de ejecución, los soldados desnudaban al reo y tomaban sus vestidos como botín. Luego de atarle o clavarle las manos al palo transversal, levantaban este con la víctima y lo colocaban en su lugar, de manera que los pies quedaban a poca distancia de la tierra. Los pies y las manos podían atarse o clavarse a la cruz, como en el caso de nuestro malhechor.
 
Lo horrible de la muerte por crucifixión se debía en parte al intenso dolor causado por la flagelación, los clavos y la incómoda posición del cuerpo que dificultaba la respiración. Además, la deshidratación por la pérdida de sangre y la calentura producían una sed intolerable. A esto hay que agregar la vergüenza que sufría el condenado al verse desnudo ante los curiosos que pasaban insultándole.
 
El crucificado moría lentamente, casi siempre el segundo día, pero a veces hasta el octavo. El exceso de sangre en el corazón, debido a la obstrucción de la circulación, combinado con la fiebre traumática, el tétano y el agotamiento, mataba a la víctima. Para acelerar la muerte de un crucificado, se le quebraban las piernas con un martillo, antes de traspasarle con espada o lanza, o bien se le ahogaba con humo.
 
De algo podemos estar seguros con respecto a la crucifixión, el condenado siempre iba a morir a como diera lugar, no había escapatoria y si lograse escapar de la misma, el trauma producido por las heridas le haría tener el mismo fin.
 
Aquel alborotador de masas yacía en aquella cruz, su cuerpo no soporto los embates de tan bestial castigo, no hubo necesidad de quebrarle las piernas, pero para estar seguros de que en realidad había muerto le clavaron una lanza en su costado y fue así como toda su sangre fue vertida y el forense informo que ya no había nada que hacer, que había emprendido su viaje al Hades.
 
Dos días habían transcurrido desde que lo sepultaron. Días normales me imagino, donde la rutina dominaba las vidas de miles de israelitas, romanos, griegos y cuanta cultura se acercara a Jerusalén. Los cambistas continuaron haciendo sus negocios oscuros en la casa del Padre de las luces, los sacerdotes ya acostumbrados a hacer creer al pueblo que la Gloria de Dios habitaba el Templo y los romanos conquistando y subyugando las demás naciones, eran días normales.
 
Pero algo sucedió al tercer día, algo que al igual que aquel infante rompió con la cotidianidad de aquella ciudad. El que había muerto y sido sepultado no lo soporto más, la tumba era fría y el Ades demasiado caliente. El dijo –este no es lugar para mí, que los muertos estén con los muertos.
De repente la piedra que tapaba la entrada de la tumba comenzó a moverse, el Fiel y Verdadero salía del lugar que hasta tres días atrás fue su morada de descanso.
 
Los ángeles tampoco soportaron lo magnifico de aquel acontecimiento, tuvieron que declararlo, -él no está aquí, pues ha resucitado! Dijeron a las mujeres que llegaron a ungir el inerte cuerpo del Maestro (Lucas 24:6). Y por supuesto que él mismo no lo resistió, tuvo que ir a donde sus amigos para contarles que estaba vivo. (1 Corintios 15:5-8)
 
Hasta el día de hoy Jesús continua gritando que esta vivo, la naturaleza me lo dice todos los días, cada vez que respiro, parpadeo o mi corazón late. Dios esta dispuesto a remover cualquier piedra de nuestras vidas por el simple hecho de demostrarnos que el continua tan vivo como lo estas tu al momento de leer este articulo. Inclusive, al instante de escribir estos párrafos siento el mismo escalofrío de aquella tarde en el bus. Me retiro porque también siento que mis glándulas lacrimales van a activarse en cualquier momento y no creo poder ver lo que escribo.

Escrito por: Carlos Fernández

El día que Dios pasó de moda

Ha notado usted como con los años todo pasa de moda? Basta con ver las fotos de viejos álbumes que tengamos en casa o los de nuestros familiares o amigos. Me encanta ver esas fotos, me he reído, he recordado, en fin son como una maquina del tiempo que me trae buenos recuerdos.

Así es, los peinados, la ropa, los programas de televisión, radio, el cine, el estilo de hablar, los valores, los automóviles, Dios, juegos de video, música… Hey Carlos espera un momento! Dijiste “Dios”? Así es mi amigo lector, yo también me sorprendí cuando me di cuenta de que Dios estaba en la lista de las “cosas” que pasan de moda. Que estaba metido en la caja del olvido junto con He-Man y El Lobo del Aire (se que algunos no tendrán idea de que o quien hablo).

Era un martes por la mañana e iba con un par de amigas en el autobús, nos dirigíamos a nuestros respectivos trabajos. Acostumbramos a ir leyendo un capitulo de algún libro en voz alta, tanto para nuestra edificación como para que la gente escuche simplemente algo acerca de Dios. Ese día le toco el turno a mi escritor favorito, Max Lucado. Iba leyendo en voz alta (no gritando) y un señor se sentó junto a una de mis amigas, desde que él se percató de lo que yo estaba leyendo el volvió su cabeza como no creyendo lo que sus oídos escuchaban, me di cuenta de su incomodidad pero proseguí mi lectura.

Aquel hombre no soporto ni un kilómetro escuchando aquel capitulo que seguro Max había escrito con tanto gusto; se levanto de su asiento como si este estuviera electrificado y dirigió una frase directa a aquel lector que había interrumpido sus rutinarios viajes a su lugar de trabajo: “eso era para otros tiempos!” me dijo. Y se fue para la parte trasera del autobús reclamando por aquello que lo había molestado. La gente guardo silencio por un momento.

Los tres nos quedamos en silencio también y nos volvimos a ver con cara de “que fue aquello?” Proseguí mi lectura hasta terminar el capitulo. Al momento el caballero bajo del medio de trasporte colectivo que había abordado.

Ese día aquella escena me dio vueltas en mi cabeza y no lo resistí, supe que debía escribir acerca de este acontecimiento que habíamos pasado por alto hace quien sabe cuanto tiempo. Pero, en realidad el Creador del universo, el salvador de la humanidad había pasado de moda? Me extraño porque han hecho más películas acerca de él que de Terminator o Rambo. Aunque los Beatles proclamaron ser más famosos que Jesucristo, ellos no continúan llenando estadios o templos como lo hace hoy en día aquel carpintero de Nazaret .  Bueno me espantó la frase de aquel hombre.

Luego me pregunte, que pasaría si fuéramos nosotros los que llegásemos a pasar de moda por allá en los cielos? Que un día simplemente Dios diga:

–Gabriel, ya me aburrí de estos terrícolas!… Míralos tengo mis manos abiertas para ellos y nunca me buscan. Se aburrieron tan rápido de mi libro de crónicas de la humanidad y soy su mejor chiste en los blogs y Youtube.

La verdad que se busquen otro Dios (hmm como si hubiera otro) ya ellos pasaron de moda, tal vez los marcianos se comporten mejor, de todos modos el color verde me gusta mucho.

Te imaginas que en realidad sucediera eso!? Vinieron a mi memoria las palabras de Asaf:

Meditaba en mi corazón,
Y mi espíritu inquiría:
¿Desechará el Señor para siempre,
Y no volverá más a sernos propicio?
¿Ha cesado para siempre su misericordia?
¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?
¿Ha olvidado Dios el tener misericordia?
¿Ha encerrado con ira sus piedades? (Salmos 77:6-9)

Creo que me es difícil creer que Dios haga eso, no se supone que él actúe de esa manera, después de todo el es Amor. Pero el salmista continua declarando:

Dije: Enfermedad mía es esta;
Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.
Me acordaré de las obras de JAH;
Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.
Meditaré en todas tus obras,
Y hablaré de tus hechos. (10-12)

El pasado de Dios hace que él mismo se mantenga de moda. Si yo quisiera ver uno de mis programas favoritos cuando era niño tendría que visitar páginas en Internet donde pueda ver videos que estén al alcance de los cibernautas o adquirirlo en lugares donde venden artículos de colección. En cambio a Dios lo tengo al instante supliendo mis necesidades a la velocidad de un recuerdo, de recordar sus obras, lo que él ha hecho por mí, del sacrificio de su hijo en la cruz que sigue tan vigente como el impuesto de la venta.

Para nosotros paso de moda que nos llamara amigos, que las mulas hablaran, que los mares y ríos se abrieran para dar paso, que el sol se detuviera, que los sabios fueran guiados por estrellas para ver al Rey, que los pecadores fueran personas de ejemplo, paso de moda que los muertos vivieran y que el agua se convirtiera en vino.

En que momento paso eso? Dónde hemos estado en los últimos doscientos años? Creo que encerrados en nuestro criterio y altivez votando porque esta “in” o “out” y afirmando que Dios ya no se acomoda a nuestros tiempos, que sus mandamientos ya no se encuentran si los buscamos en Google o en personas jóvenes.

No me preocupa tanto que Dios pase de moda para está generación sino qué de las nuevas? Cómo se podrá cumplir aquello de que “de generación a generación proclamara tu misericordia”? Pero Dios se ha provisto de un stock de gente que se va a encargar de que Su nombre no pase de moda, un remanente que continuara leyendo en los autobuses, hablando de él en las calles y centros educativos, Facebook, Twitter, radio, televisión o cualquier medio.

Así que la próxima vez que escuche a alguien decir que Dios pasó de moda, si tiene la oportunidad cuéntele de las obras de antaño y de las últimas descargas de misericordia que recibió esta mañana y que el amor de Dios esta más actualizado que la Wikipedia (Salmos 103:14, Romanos 5:8)

Escrito por: Carlos Fernández

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