Historial Por » April, 2010 «

Reportaje Judíos Mesiánicos

Los judíos mesiánicos, son en palabras simples, judíos que creen en Cristo como el Mesías. Ellos no se dicen en sí cristianos, sino que son judíos (con sus costumbres, ritos y demás) que realmente creen que Jesús es el Señor, el que iba a venir, el que vino y el que vendrá.

La semana pasada una persona me contó que se había leído la biblia completa 2.5 veces. Sin embargo no era cristiano, ni creía en nada. Reflexionando sobre esto, entendí que la revelación de Dios es un verdadero regalo. Este reportaje tiene la intención de darle gracias al Señor por estos hermanos que teniendo todo del pueblo judío decidieron rendir sus corazones a Cristo.

Gerardo…

(Este señor no es Gerardo, pero se parece mucho)

Hoy conocí a Gerardo. Entre sudor y olor a frutas frescas en la Feria del Agricultor. Me encanta ir a la feria, como un niño que ansioso espera brincar en el castillo inflable en el centro comercial. La feria es mi momento con el Señor. Ser amable con la gente, saludarlos con una súper sonrisa y bendecir sus puestos aunque no se den cuenta. Intercambiar algunas palabras con mis amigos vendedores y encontrar en sus corazones un espacio para el Rey. Realmente ir a la feria es mi tiempo con Dios. Mi compartir con mi Señor que tiene planes para cada uno de ellos.

Conocí a Gerardo porque venía llegando con el carretillo hacia el carro, para descansar mis brazos, acomodar el carretillo en el carro de mi tío e irnos para la casa. Llegó con vergüenza y cuidadosamente para que el guarda no pensara que me iba a asaltar. Tenía miedo en sus ojos.

Alcohólico, drogadicto, la verdad no sé. Lleva años durmiendo en las calles, aunque no se veía maltratado su cuerpo. Tal vez unos 50 años gastados, tiempo de cansancio. Muchas cargas que manejar, muy pocas personas en las cuales descansar. Debe de ser difícil no tener los beneficios que tú y yo tenemos. La cama caliente en las noches y mañanas, el baño para alistarnos cada día, la ropa que nos cubre, la gente que nos ama y nos cuida. Debe de estar cansado. Su espalda le resiente el peso de sacos de basura.

Me explicó que había tomado la decisión de internarse en un centro cristiano de restauración. Que el director del lugar le dijo que para internarse tenía que llevar algunos materiales básicos para su cuidado (papel higiénico, cepillo de dientes, pasta, jabón), mientras las demás cosas como la ropa se las comprarían una familia, llamados padrinos, que invierten en las personas que toman esta decisión. Y le dijo algo más: yo podría dártelos pero necesito que luches por la decisión que acabas de tomar. Y se topó conmigo. Bueno, con un cristiano en realidad. Bueno, con Jesús disfrazado de Kevin que intenta morir cada día. En resumen, con su SEGUNDA OPORTUNIDAD de nuevo.

Le dije que no tenía dinero en efectivo (lo había gastado en la feria, pero tenía dinero en mi tarjeta de débito) y que de verdad no podía ayudarle.

Le dije que me alegraba mucho que hubiera tomado esa decisión, que siguiera luchando.

Mi Espíritu (¡en mayúscula!), me dio a entender que yo era como aquel que le dice al hambriento que coma y no le da comida, que se abrigue y no le alcanza su cobija. Y se fue a buscar en otras personas su oportunidad de cambiar. Lo veía de lejos y todos le meneaban la cabeza de izquierda a derecha, diciéndole que no. No obtuvo misericordia ni favor ni bondad.

Seguía pensando en que hubiera hecho Jesús. ¿Cómo habría actuado el Maestro? ¿Qué le hubiera dicho? ¿Lo saben ustedes? ¿Lo sé yo?

Me he acercado con vergüenza a la presencia de Dios cuando fallo. Siento que no tengo casa, ni cama, ni baño. Y vuelto a mí alrededor todos me menean, como diciendo no, la cabeza. Demonios, el diablo, la conciencia, “amigos” y entonces creo que no podré obtener otra segunda oportunidad. No obtendré misericordia ni favor ni bondad. El Rey cerró sus puertas y yo quedé afuera. Imagino que la misericordia es para los que predican y van a la iglesia, que el favor es para los rectos.

Y estamos en la posición de Gerardo. Donde la conciencia busca ganarle a la Verdad. Mendingamos papel higiénico de bondad, cepillo de dientes de misericordia, cuando Jesús ya nos pagó la entrada al centro de restauración y nadie debe juzgarnos con el fin de maltratarnos.

Me le acerqué de nuevo a Gerardo. Le pedí la lista y le dije: espérame aquí. Le compré lo que necesitaba y alguna cosa extra para su cuidado (talco jaja por si acaso). Se lo di y me abrazó con ojos llorosos. Gracias, gracias, gracias, me dijo mientras recibía su bolsa de regalos. Me cercioré que luchara por su vida y ahora estoy comprometido en orar por él hasta verlo en el cielo. Tendrá un nuevo chance de luchar. JESÚS SIEMPRE DA NUEVAS OPORTUNIDADES. Y TODOS LAS NECESITAMOS…

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