Hace unos meses asistí a la boda de mi prima Evelyn; el día era soleado, los invitados iban llegando poco a poco y eran recibidos por el novio, el cual se veía impecable y un tanto nervioso. Me gusto mucho porque vi a mi familia que llevaba tiempo de no verle. Mis primos habían crecido bastante, era como si hubieran tomado una sobredosis de vitaminas y minerales. La gente empezó a llenar el templo y cada uno se fue sentando en el lugar que consideraba más cómodo. Los amigos hacían chistes acerca del pobre novio quien con cada minuto que transcurría reflejaba una sonrisa nerviosa por lo que dentro de un momento acontecería.
De repente todos se pusieron de pie como si la Reina de Inglaterra hiciese su entrada a aquel solemne lugar. Me di cuenta de quien había llegado. La novia se veía hermosa, como nunca seguro su novio la había visto. Una gran cola colmaba parte del suelo como si dijere “la homenajeada ha llegado”. La alegría y la emoción embargaban el recinto, mis tías (y mis tíos también) lloraban de gozo al ver a su sobrina ante el altar. El acto religioso siguió su curso, unas cuantas oraciones por aquí y un par de himnos por allá. El sacerdote dio una excelente homilía dirigida al futuro matrimonio. Y luego el momento llegó, la pareja se puso de pie, rezaron sus votos matrimoniales, se colocaron los anillos y se besaron. Ya eran marido y mujer. Ah! Que día más feliz para ellos, era parte de su realización y la consumación de su amor.
Esta es la historia más común de amor que podemos ver, pero hay otras historias de “amor” que muchas veces pasamos desapercibidas. Los viernes luego del programa de radio en el que participo, es común ver en el bar que esta frente a la parada de autobuses de mi barrio, homosexuales divirtiéndose, abrazándose y hasta besándose como lo más normal del mundo. Unas cuantas cuadras más abajo se puede observar un grupo de prostitutas intentando vender su “buen conocimiento del amor” y si caminas unos metros más, verás a travestís agolparse en las esquinas esperando que aquellos que tienen un vacío de amor propio se vayan a la cama con ellos para satisfacer su lujuria.
Creo que el amor se ha convertido en una palabra sin sentido, la cual han tomado y han hecho de ella a como mejor le parezca a cada quien. Ha perdido su valor eso es lo más duro del asunto. Ahora todo mundo se ama, el espíritu de este siglo dice que “todo mundo sabe que puedo tener sexo con cualquiera (que yo ame).” Así es, si usted quiere conocer una palabra sin sentido el amor puede llenar esa expectativa.
¿QuÉ paso con aquellos tiempos donde las películas de romance eran más que las de gansters? ¿Cómo vivir en un mundo donde es tan fácil amar? Donde decir te amo es igual que decir buenos días. Esto solo ha provocado algo a través de los tiempos, corazones rotos, gente que no quiere nada con nadie porque se robaron esa parte de su corazón que no servía para bombear sangre. Sino pregúntale al hombre que su esposa se fue con otro, a la mujer que le detectaron un cáncer y su esposo la abandona a su suerte con sus hijos, la joven que fue parte de una apuesta para ver quien se acostaba primero con ella, el niño que sufrió de frecuentes violaciones por parte de su padre o tíos y que de la señorita que fue violada mientras se dirigía a su casa. En todos estos casos resultaría muy difícil amar.
¿Cómo dar amor cuando esa palabra ha perdido todo su valor? ¿Cómo dar amor cuando han jugado con nuestros sentimientos? ¿Cómo volver a entregarlo si vivimos a expensas del “quién sabe si me pasará de nuevo?” Lo veo muy difícil.
Pero hay alguien que ha prometido ser fiel y guardar su pacto con nosotros cuando le entregamos nuestro amor: si ya sabes de quien estoy hablando, de Dios, de quien más.
Observa lo que Él dice:
“Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación”
Salmos 91:14-16
Si crees que ya no existe alguien que cumple su palabra déjame decirte que estás equivocado. Dios ha prometido que cualquiera que deposite su amor (confianza, futuro, esperanza, deseos) en Él, no será defraudado. Si tú quieres invertir tu amor en alguien, Dios es el indicado. Créeme que Él se lo toma muy en serio, sino no lo diría. Para Dios eso vale mucho porque Él sabe lo que el ser humano puede hacer con los sentimientos de su prójimo.
¿Recuerdas al leproso que se acerco a Jesús? –Señor, si quieres puedes sanarme. Le dijo. Este hombre había sido despreciado por su pueblo, por la gente que se supone que conocía a Dios. Pero ese día él se encontró con Aquel que es amor eterno. Y no solo le sanó, sino que su amor hizo un milagro mayor antes que el de limpiarlo de su lepra; Jesús le toco (Mateo 8:3). Es que el amor de Dios se hace uno con nosotros, “con él estaré yo en la angustia”. El leproso era inmundo, no podía ser tocado por nadie, no existía, sus compañeros de vida eran la campana y la frase que repetía durante todo el día para dar aviso que el se aproximaba, “inmundo, inmundo” decía las 24 horas del día.
¿Cuántos no caminan así recordando el dolor que les hicieron otros? Golpes, insultos, humillaciones, violaciones. “Eres horrible” “nadie te va a amar” “después de mi no volverás a encontrar el amor”. Se supone que fuimos creados para relacionarnos, para mostrar el amor de Aquel de quien fuimos hechos a Su imagen y semejanza.
Vuelvo a preguntar, ¿cómo dar amor cuando esa palabra ha perdido todo su valor? ¿Amor donde está tu fuego?
Cuando venimos a Dios, Él nos enseña a amar, “le libraré…y le mostraré mi salvación”. Será a caso que el Señor nos quiere librar de la cárcel de odio que nos produjo el vivir sin amor o que cada vez que recordemos la forma en que fuimos salvos eso nos lleve a amar. A darlo todo, a no negar el amar por un error, a amar con tolerancia. El que ama tiene que dar el doble de sí. Es caminar la milla extra, la “primera milla” por la relación y la “segunda milla” por el compromiso.
“Que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas. Y que así puedan comprender… cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios” (Efesios 3:17-19 DHH) Este es el fundamento, cuando le hemos entregado nuestro amor y vida a Cristo nuestro concepto de amor cambia, a la manera de Dios. No importa el poco amor que creas tener, “Él es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que… entendemos” (v20). Dale el verdadero valor a esta palabra en tu vida…
Escrito por: Carlos Fernández



la verdad q me fue de mucha bendicion,este savado tengo q dar mi corto mensaje por primera ves,y hoy se ve q el amor ya no es AMOR,pero en cristo el amor es tal cual su significado,cristo es amor,gracias
Con gusto Max, que dicha que te gusto y sirvió…