Hace mucho tiempo anhelaba escribir algo con sentido, muchas veces escribo y escribo y al final de ver la obra terminada, puedo ver como cada línea cobra vida. Existen muchas razones por las cuales creo en un Dios, pero una de ellas es el acto creativo que cada uno de nosotros, como humanos, tenemos. El talento hecho arte, para mí es una de las manifestaciones más hermosas de lo cotidiano de Dios en nuestras vidas.
Esta entrada del blog va destinado a eso, a escribir acerca de lo cotidiano. Existe una razón para hacerlo:
No vemos los detalles de Dios en lo cotidiano.
Hace mucho dejamos dejamos de ver milagros, la gente dejó de creer en esos espejismos que hay en la biblia. Díganme, ¿quién hace milagros sin explicación científica? Todo lo podemos explicar, si sintonizamos A&E quizá podamos ver alguien cercano a lo milagroso, un tal Chris Angel. Pero lo podemos explicar… un maravilloso juego de cámaras. En verdad no me interesa hablar de la gente que se asombra de Chris Angel. Sin haber visto, creo en dos hombres que caminaron en el agua, rompiendo barreras físicas: Jesús y Pedro.
Un momento… no quiero hablar de milagros, se me olvidaba que soy un freak por creer en alguien que vivió hace más de dos mil años, no tiene lógica. Vengo a hablar de lo cotidiano.
Una amiga una vez me hizo querer conocer más a Dios con una historia que me contó. Caminando deseó una señal de Dios, y de un árbol cayó una hoja con forma de un corazón. Nada impresionante para algunos, pero esa historia me hizo querer conocer a un romántico por excelencia. Esa historia que no está en ningún libro famoso me hizo más de una vez experimentar un saludo de Dios en el viento. Esa historia tan pequeña, tan corta, me hizo querer conocer a Dios en lo cotidiano.
No sé si les pasa que llegan a tener historias imaginarias. Sí diálogos enormes, fantasías en sus cabezas. A mí me pasa a menudo, en variedad de situaciones. Han pasado cinco meses que no veo a mis amigos, he tenido fantasías donde simplemente les veo los ojos y me transmiten ese amor sincero. He tenido sueños donde simplemente los abrazo, o voy a predicar con ellos. Sonará un poco enfermo, pero simplemente me acostumbré a conocer a Dios por medio del abrazo de mis amigos. Sólo Dios sabe cuánto vale un abrazo en mi imaginación, lo llamaré de ahora en adelante, el milagro del abrazo.
Mis amigos no hicieron a un cojo caminar, no he visto a ninguno dar vista a un ciego, ninguno de ellos ha levantado a un muerto. Lo que sí he visto es personas llorar en sus brazos, alimentar indigentes, de sus palabras dar esperanza. No han levantado muertos, pero sí han salvado vidas.
Somos tan ciegos, algunos anhelamos hablar en lenguas desconocidas, otros llegar a un púlpito; pero hay personas que se mueren por lo cotidiano. El toque de Jesús en la tierra.
De las oraciones que algunas veces lanzo al cielo, es: Dios deja que tu amor se refleje en mí, y déjame transmitir ese amor, que nadie perezca por mí, sino en ti.
Para los ateos Jesús fue un líder carismático, para mí Jesús es un evangelista de lo cotidiano y Dios extraordinario.
Jesús a diferencia de miles de líderes del mundo, nunca ensayó un discurso, hablaba en parábolas porque era lo que la gente vivía y entendía. Ahora pienso, por qué hablar de la unción cuando la mayoría de personas ni entiende qué es eso. Por qué no empezar a hablar sobre cosas que la gente comprenda, hablarles de un amor genuino, hablar de eso que Dios nos da cada día: esperanza.
¿Existirán sonrisas fuera del eterno “jajajajaja” del chat? Sonreír es alargar de tal manera que los extremos de la boca se hagan hacia arriba de manera pícara y tu boca se arquee hacia abajo. ¿El milagro? Hemos dejado de sonreírle a personas que realmente necesitan iluminar sus vidas. Tenemos tantas formas de sorprender a los demás de llevar la bandera de Jesús a sus vidas, y simplemente se nos han olvidado.
Jesús no hacía milagros por necesidad, los hacía sólo para que la gente creyera. El milagro era sólo un mecanismo. Tenemos tantos mecanismos, no paramos de pensar en el próximo artefacto de Apple, pero hay niños que no tienen para estudiar. ¿Un celular? Qué hay de aquel niño que no tiene qué comer. ¿Dios en qué momento nos perdimos?
Más que hablar si los homosexuales van o no al cielo, empezamos a ser entes de cambio para esta ciudad tan necesitada de héroes. Demostremos amor de la misma manera en que se desata la violencia.
Podemos ser raros si leemos la biblia y oramos, pero creo que seríamos extraordinarios si empezáramos a experimentar a Dios en lo cotidiano.
Imagen Por: NimzZz (http://www.deviantart.com/)

