Historial Por » September, 2010 «

Pescado Fresco

Los japoneses siempre han gustado del pescado fresco, y su gusto es muy estricto. Pero las aguas cercanas a Japón no han tenido muchos peces por décadas.

Así que para alimentar a la población, los barcos pesqueros fueron fabricados más grandes para ir mar adentro. Mientras más lejos iban los pescadores, más era el tiempo que les tomaba regresar a entregar el pescado.

Si el viaje tomaba varios días, el pesado ya no estaba fresco. Para resolver el problema, las compañías instalaron congeladores en los barcos pesqueros. Así podían pescar y poner los pescados en los congeladores. Sin embargo, los consumidores pudieron percibir la diferencia entre el pescado congelado y el fresco, por lo tanto tenían que venderlo más barato.

Las compañías instalaron entonces en los barcos estanques para los peces. Podían así pescar los peces, meterlos en los estanques y mantenerlos vivos hasta llegar a la costa. Pero después de un tiempo los peces dejaban de moverse en el estanque. Estaban aburridos y cansados, aunque vivos. Los consumidores japoneses también notaron la diferencia del sabor porque cuando los peces dejaban de moverse por días, pierden el sabor fresco.

Y ¿Cómo resolveieron el problema las compañías? ¿Cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco? ¿Qué harías para resolver el problema?

Para mantener el sabor fresco de los peces, las compañías pesqueras ponen a los peces dentro de los tanques en los botes, pero ahora ponen también un Tiburón pequeño.

Claro que el tiburón se come algunos peces, pero los demás llegan muy, pero muy vivos. Tienen que nadar durante todo el trayecto dentro del tanque, para mantenerse vivos.

Es de suponerse que las personas que viven en las costas saben muy bien diferenciar el sabor entre el pescado congelado y el fresco. En lo personal no noto la diferencia porque toda la vida he comido pescado congelado.

Lo interesante es que Jesús nos manda a ser pescadores de hombres, así que debe de haber una analogía entre los pescados y los hombres:

Los pescados frescos son todas esas personas recién convertidas a Cristo en que de verdad la fe es pura como el oro, creen porque han sido desafiados tanto tiempo en el mundo que cuando llegan a aguas de reposo, saben que de verdad el Señor cuida de ellas.

El pescado congelado son todos los cristianos que se convirtieron, creyeron; pero nadie les desafió, nadie los discipuló, fueron metidos en una recámara simplemente para ser devorados por las personas que no diferencian el gusto entre el pescado fresco y congelado.

El pescado de estanque, es aquel cristiano que creyó, se le discipuló pero nunca nadie lo desafió, simplemente esperó el día en que fuera servido en a mesa. Probablemente asista a la iglesia, sea tomado en cuenta pero su pasividad y la de los pescadores lo termina inutilizando.

Ahora cualquiera diría, esta parábola es muy parecida a la del sembrador… pues sí pero tiene algo diferente… el desafío.

El pescado con tiburones: es el pescado que sabe que hay tranquilidad en el estanque pero el devorador siempre anda rondando; sabe que está en peligro no sólo él, sino también sus compañeros. Sabe que debe estar alerta y alertar. Es el cristiano que decide tomar las riendas de su vida en Dios con o sin la ayuda de los demás, pero siempre hablando a los demás acerca de los peligros que puede haber si se duermen. Es el cristiano líder que decide moverse siempre, recibió discipulado en el mar y lo aplicó en el estanque.

Hay un común denominador entre todos los tipos de pescados (el congelado, el de estanque y el de estanque de tiburones) y es que todos fueron en algún momento alcanzados por la red, todos fueron recién capturado, todos vivieron el primer amor. Qué pasó después… sinceramente depende de los pescadores que lo atraparon. Es una lástima, porque el proceso simplemente puede arruinar el producto.

Vivimos el siguiente síndrome: Tan pronto una persona alcanza sus metas, tales como empezar una nueva empresa, pagar sus deudas, encontrar una pareja maravillosa, o lo que sea, empieza a perder la
pasión. Ya no necesitará esforzarse tanto. Así que solo se relaja. Experimentan el mismo problema que las personas que se ganan la lotería, o el de quienes heredan mucho dinero y nunca maduran, o de quienes se hacen adictos a los medicamentos para la depresión o la ansiedad.

La solución es sencilla: “Las personas prosperan más cuando hay desafíos en su ambiente.”

Ahora, el desafío siempre está en el ambiente, nosotros, los cristianos vivimos para hablar a los demás de las virtudes de Cristo. ¿Se necesita mayor desafío?, quizá no, pero se necesitan estímulos. Pero si alguien no lo estimula, usted como verdadero creyente, no se debe limitar a los pescadores. Sino vivir alerta y atento.

Si usted decidió dejar de ser pescado y convertirse en pescador, usted como líder debe estimular la pasión en sus discípulos, así como los japoneses consumidores, Dios pedirá cuentas acerca de las almas que fueron rescatadas.

Anímese y anime a los demás, porque la mies es mucha y pocos son los trabajadores, la gente necesita ejemplo, pasión y esfuerzo por el grandioso nombre de Jesús.

Imagen Por: handyrand (http://www.deviantart.com/)

Cree

“Clama a mí y yo te responderé, porque es necesario que el se acerque a Dios, crea que le hay, y es galardonador de los que le buscan.

Acércate creyendo dice el Señor:

Cree que mi bondad es mayor que todos los juicios de los hombres.
Cree que mi justicia es más poderosa que todas las iniquidades de tus antepasados.
Cree que mi misericordia se renueva cada mañana sobre tu vida.
Cree que soy tu padre y ya no eres huérfano más.
Cree que por medio de la sangre del cordero, tú has sido redimido.
Cree que todas tus necesidades son suplidas conforme a mis riquezas en gloria.
Cree que para ti hay un lugar en mi mesa, que no eres un extranjero y advenedizo, sino
eres conciudadado de los santos y miembro de la familia de Dios.
Cree que yo te escogí y te puse nombre y MÍO eres tú.
Cree porque al que cree todo le es posible.
Cree en mi fidelidad, cree en mis palabras, porque mis palabras son firmes en el cielo para ti.”

Detalles

¿A quién no le gusta recibir un detalle? Sí, me refiero a esos regalos con que la gente nos sorprende. Una fiesta, una flor, una tarjeta o esa visita repentina que hace que el estomago recuerde que las mariposas todavía habitan allí.

Hay dos cosas que podemos hacer con los detalles, una puede ser guardarlos porque no se pueden exhibir al público y menos si hay niños pequeños en casa o simplemente no se verían bonitos colgando de una pared.

Cuando me trasladaron a otra sucursal de mi antiguo trabajo me sentí un poco triste por dejar a mis amigos en el lugar donde estaba, y aunque era una nueva aventura y como me gusta conocer gente, pues me hice a la idea de estar ahí. No sabía cuánto tiempo iba a estar por esos rumbos o como era la gente que allí laboraba. A los días mis inquietudes fueron desapareciendo, la gente era genial y ya no me importaba viajar de tan lejos para trabajar junto a aquellos amigos que ahora tenía.

Lo terrible fue el día que me dijeron “Carlos, vuelves a la base”, mi corazón estaba dividido, en cinco meses un grupo de 85 personas se habían ganado parte de mi ser. Pero era hora de partir. Un día antes de irme pasó algo que no esperaba, un grupo del equipo me llevo a almorzar a un buen restaurante, me dieron afiches con sus nombres y comentarios. Pero el recuerdo que guardo de ellos fue un libro que me regalaron y no porque haya sido escrito por mi autor favorito, sino porque dentro de el plasmaron sus mejores deseos para mí y lo que yo sin darme cuenta les había enseñado. Algunas noches lo tomo y vuelvo a leer esos comentarios que fueron de gran alegría en aquel momento. Ese detalle lo tengo guardado y no lo presto porque tiene un valor para mí, aunque no esté al alcance de la gente.

Por otro lado está el exhibirlos. Cuando renuncie a la misma empresa pasó algo similar, me hicieron una fiesta de despedida, hubo buena comida, regalos, risas, lágrimas y abrazos. Ellos al igual que sus compañeros de la otra tienda se dieron a la tarea de que no los olvidara. Me dieron un collage con las fotos de todos ellos, el cual luzco con gran orgullo en mi oficina.

¿No sera lo mismo que Dios hace con nosotros? El nos deja detalles en todo lugar para que recordemos que él nos ama, cuida y fortalece. Si sumamos creatividad, recursos, sabiduría y amor nos dará como resultado el detallista más grande de la historia: DIOS.

Cuando veo el estruendo de las olas recuerdo que él es más poderoso:

Jehová en las alturas es más poderoso
Que el estruendo de las muchas aguas,
Más que las recias ondas del mar. Psa 93:4
 

Cada vez que la tierra tiembla recuerdo que no tengo que tener temor:

Por tanto,  no temeremos,  aunque la tierra sea removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar. Psa 46:2

Cuando voy en el autobús y veo las montañas que rodean el Valle Central se de donde viene mi auxilio:

Alzaré mis ojos a los montes;
¿De dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra. Psa 121:-2

Cada mañana que veo la luz del sol tengo presente que de alguna manera el traerá luz en medio de mis tinieblas:

Porque Dios,  que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz,  es el que resplandeció en nuestros corazones. 2Co 4:6

Y si veo las aves del cielo mi corazón se llena de paz porque se que él tiene cuidado de mí:

Mirad las aves del cielo,  que no siembran,  ni siegan,  ni recogen en graneros;  y vuestro Padre celestial las alimenta.  ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Mat 6:26  

Esos detalles divinos que nos dan esperanza  y aliento. Me atrevo a decir que la creación entera es un presente de Dios para recordarnos que él está con nosotros.
Así como el emperador musulmán Shah Jahan quiso dejar el imponente Taj Mahal en honor a su esposa preferida, así Dios deja toda la creación como muestra de su amor.
Pero de todos los regalos que jamás se han dado, hay dos que hacen que mi corazón se derrita y que miles de mariposas revoloteen en mí estomago: la cruz y el sepulcro vacio.
La primera me dice que soy perdonado y tengo paz para con Dios y el segundo me da esperanza para el futuro, me hace entender que no estoy en casa todavía.
Cada vez que des un detalle dalo como Dios lo daría, para ser recordado a cada instante y por siempre.

Escrito por: Carlos Fernández

  • Tweets